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Había una vez un circo

Los candidatos de Vox en Aragón se niegan a conceder entrevistas a los medios de comunicación si no es con cuestionario previo. Temen meter la pata. Es lógico. Su candidato al Congreso por Zaragoza, por ejemplo, es el cunero por excelencia. Nació en Madrid y carece del mínimo conocimiento de la realidad aragonesa. Lo único que sabe de Zaragoza es que tiene parada de AVE. Su candidatura ha sido impuesta desde la dirección nacional porque es una plaza con garantías de salir elegido. “Me critican porque no soy de Zaragoza, pero nací en España y, por tanto, también soy de Zaragoza”. Se ha despachado sin pestañear el candidato ultra Pedro Fernández, más conocido por ser uno de los abogados de Vox en el juicio del procés.

Estas son unas elecciones en clave nacional. De Aragón se habla poco o muy poco. El aragonesista  Arturo Aliaga, quien a la vista de cómo transcurre la campaña no cabe en sí de gozo por que su partido haya renunciado a presentarse a las generales, se ha dado cuenta de un hecho muy significativo: ninguno de los carteles electorales de los partidos mencionan a Aragón.

Importa más conseguir portadas y minutos de televisión con ocurrencias de usar y tirar, escraches de intolerantes, mentiras escandalosas. O recuperando viejos demonios como el terrorismo de ETA, y, por qué no, con candidatos vestidos de motero, conduciendo tractores o hablando a las vacas.

De Aragón se habla poco o muy poco. Importa más conseguir portadas y minutos de televisión con ocurrencias de usar y tirar, escraches de intolerantes, mentiras escandalosas, o recuperando viejos demonios como el terrorismo de ETA, y, por qué no, con candidatos vestidos de motero, conduciendo tractores o hablando a las vacas.

Hay barra libre para convencer de todas las formas posibles al 41% de electores indecisos, un porcentaje muy elevado que puede desequilibrar la balanza. Los últimos días serán decisivos. Hay quien opina que la verdadera campaña se iniciará con el debate televisado a cinco del día 23. Muchos electores van a decidir su voto el último día, incluso minutos antes de votar. Hasta entonces, parece que todo vale en el circo electoral.

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