
Jorge Azcón firma el decreto de disolución de las Cortes y de convocatoria de elecciones.
Estaba cantado que Jorge Azcón iba a adelantar las elecciones autonómicas porque lo contrario era bajarse los pantalones ante Vox como ha hecho su colega de partido, el valenciano Juan Francisco Pérez Llorca, para aferrarse al poder. Pero el presidente de Aragón debería tener cuidado. El paso que acaba de dar es tremendamente peligroso. Es un órdago, que seguramente satisface las ansias de poder de su jefe de Génova, pero que conlleva mucho riesgo para el propio Azcón.
Supongamos que el domingo 8 de febrero, fecha fijada para el adelanto de las elecciones autonómicas, no le salen las cuentas, es decir, no alcanza el número suficiente de diputados que le permitan gobernar en solitario (es muy difícil que logre la mayoría absoluta de 34 diputados) con apoyos puntuales de ¿Teruel Existe? En ese hipotético caso, Azcón se verá obligado a postrarse de rodillas de nuevo, como ya le pasó en 2023, ante su ex socio de la ultraderecha si quiere ser reelegido presidente de Aragón. Ese escenario, nada descartable, además de incrementar el cabreo y la frustración de la ciudadanía, devolvería a la comunidad a la casilla de salida. Una situación de ingobernabilidad similar a la actual de parálisis en la que el Gobierno de Aragón, en minoría parlamentaria, no ha logrado aprobar los últimos dos presupuestos y no ha llevado ninguna ley a las Cortes en el último año, desde que rompió con Vox.
Si la comunidad vuelve a adentrarse en ese incierto callejón sin salida tras el 8 de febrero, ¿de qué habrá servido el adelanto electoral, el primero de la historia autonómica de Aragón? La respuesta parece evidente: para favorecer los intereses electorales de Alberto Núñez Feijóo. Espoleado por la ola de escándalos del PSOE, la estrategia del líder del PP pasa por lograr una victoria contundente en las autonómicas de Extremadura (diciembre), Aragón (febrero), Castilla-León (marzo) y Andalucía (junio). Una lluvia fina de triunfos en las urnas que, según sus cálculos, debería desencadenar un tsunami que acabe arrastrando a Pedro Sánchez fuera de la Moncloa. Aunque Feijóo también corre el riesgo de perecer ahogado en esa dana electoral diseñada desde Génova.
Faltan menos de dos meses para el 8 de febrero, una eternidad en política. Que nadie espere que en este tiempo se hable de Aragón. Se hablará de Ábalos, Cerdán, Koldo o Leire Díez y de los escándalos que puedan surgir hasta la cita con las urnas. La situación nacional volverá a monopolizar los mensajes de campaña, como ha sucedido en esta legislatura interruptus. La gran noticia del adelanto electoral es sin duda que la peor presidenta de las Cortes en 42 años de historia de la autonomía deja de serlo antes de lo previsto. Vaya regalo de Navidad.
Conrad Blásquiz Herrero, periodista político y editor del blog desde la Aljafería
