Me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el momento que estamos a punto de vivir: las elecciones generales que tendrán lugar el próximo día 29. Sé que todo el mundo tiene una opinión al respecto, y eso es positivo, porque nuestra decisión, papeleta en mano, determinará el rumbo que queremos dar a los próximos cuatro años.
Esta razón basta para que, en primer lugar, no dejemos de participar en la cita en la que los electores ejercemos nuestro mayor poder y, en segundo lugar, votemos con el propósito de mejorar nuestra convivencia. No lo hagamos desde el odio ni en contra de nadie, sino a favor de quien consideremos que mejor nos representa. Nuestro poder democrático queda claramente recogido en el artículo 1.2 de la Constitución, que establece: «La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado».
Este periodo electoral presenta unas circunstancias propias que lo diferencian de los anteriores. Estamos asistiendo a movimientos sociales, expresados mediante manifestaciones y acampadas, que exigen a quienes aspiran a ser elegidos un compromiso claro con las responsabilidades que asumirán durante su mandato. Sin embargo, no se debe confundir el modelo de sociedad que los partidos políticos ofrecen a la ciudadanía con los objetivos que persiguen para defender sus propios intereses.
Pondré un ejemplo de lo que está ocurriendo en esta precampaña. El Partido Popular y Vox nos trasladan mensajes sobre cómo cambiaría todo si el PSOE saliera del Gobierno, pero no explican con claridad para qué quieren ese cambio ni cómo piensan llevarlo a cabo. A mi juicio, el objetivo principal parece ser alcanzar el poder. También anuncian una alianza, cuanto menos llamativa, para las elecciones al Senado, pero no explican que, con ella, aspiran a reunir tres quintos de los escaños y así poder elegir al Consejo General del Poder Judicial, al Tribunal Constitucional y a otras instituciones.
Esto, sin duda, es, dentro de un sistema democrático, lo más cercano al poder absoluto; es decir, estar a un paso de convertir a España en una dictadura. Reflexionemos sobre ello: el riesgo es muy importante y nuestra situación como ciudadanos quedaría sometida a ese poder. Pero todavía, la decisión es nuestra: está en nuestro voto.
Para comprender el alcance de nuestra decisión el próximo día 29, tomemos como referencia las últimas elecciones presidenciales de Brasil, en las que Lula da Silva se impuso a Bolsonaro. El primero representaba a la izquierda; el segundo, a esa nueva derecha que hoy representan Trump y otros dirigentes como Milei, Bukele o Meloni. Esto demuestra que, cuando la ciudadanía percibe que su futuro está en manos de un neoliberalismo que acrecienta la desigualdad, puede reaccionar para defender su libertad y su dignidad.
Lo importante a la hora de decidir a quién damos nuestro voto es saber qué se va a hacer con él, porque aquí la derecha se presenta como la solución a nuestros problemas, que, según ella, tienen su origen en Sánchez en el Gobierno. Pero nosotros necesitamos saber cuál es su modelo de sociedad y qué fórmulas propone para llevarlo a cabo.
La inversión extranjera ha caído a sus niveles históricos más bajos. Los servicios (agua, gas, luz y transporte), que antes de Milei suponían un coste del 6% del salario medio, ahora representan un 15%. Creo que no es necesario aportar más datos acerca de la Argentina de Milei. Esta política es el neoliberalismo que se anuncia como futuro en España en el caso de que nuestra elección, la nuestra, sea a favor de los representantes de ese modelo de sociedad.
La reflexión que les propongo es la siguiente: si el PP forma Gobierno con Vox, este último podría condicionar de manera decisiva al señor Feijóo e impulsar la aplicación de políticas como las que acabo de describir. Eso supondría, a mi entender, un importante retroceso en los derechos económicos y sociales de los que disfrutamos y podría convertir a España, como —según plantea este análisis— ha ocurrido en Estados Unidos o Argentina, en un país cada vez más desigual y al servicio de los más ricos.
Seamos conscientes del enorme poder que tenemos en este momento. Con nuestro voto podemos contribuir a construir una sociedad más igualitaria o, por el contrario, favorecer un modelo que profundice las desigualdades.
Post scriptum: No quiero dejar pasar la oportunidad de hacer llegar mi cariño y solidaridad a los familiares de las víctimas del trágico accidente ferroviario de Urda. Espero que un suceso de estas características no vuelva a repetirse y que sirva para reforzar la seguridad y el futuro de nuestro ferrocarril.
Pero también quiero destacar el ejercicio de responsabilidad, implicación y comunicación que ha demostrado en este caso el ya exministro Puente. Su dimisión, que considero una muestra de dignidad personal, merece ser reconocida. Ojalá su manera de entender la responsabilidad pública sirva de ejemplo a otros representantes políticos.

Antonio Morlanes. Presidente de Aragonex. Artículo publicado en El Periódico de Aragón
