
Pilar Alegría, junto a alcaldes socialistas en una imagen de esta semana.
Pilar Alegría vuelve a su “casa” por Navidad. La ya ex ministra de Educación y ex portavoz del Gobierno de Pedro Sánchez ha dejado esta semana el Palacio de la Moncloa para arremangarse en la dificilísima tarea de ser la candidata del PSOE aragonés a las elecciones autonómicas del próximo 8 de febrero.
Es la segunda vez que la líder socialista se mide en las urnas al popular Jorge Azcón. La primera, en las municipales de 2019, obtuvo más votos que su contrincante del PP, ganó las elecciones, aunque finalmente Azcón logró la Alcaldía de Zaragoza gracias al pacto con Vox, compañeros inseparables desde entonces en el Ayuntamiento de Zaragoza. No así en el Gobierno de Aragón. De hecho, la negativa de los ultras a apoyar el presupuesto autonómico de 2026 ha precipitado la convocatoria anticipada de las elecciones autonómicas.
Alegría será proclamada el próximo sábado candidata oficial del PSOE tras la celebración de unas primarias exprés y afrontará el difícil reto de darle la vuelta a todas las encuestas, que dan como claro ganador a Azcón con la incógnita de si podrá gobernar en solitario con apoyos externos de Teruel Existe o el PAR, en el caso de que obtengan representación, o por el contrario tendrá que necesitar de nuevo los votos de la ultraderecha.
En los últimos años, la dirigente socialista ha sido la voz de Sánchez tras los Consejos de Ministros, una labor ingrata que le ha obligado a achicar agua constantemente de un barco socialista cada vez más hundido por la entradas en prisión de José Luis Ábalos y Santos Cerdán, la detención de Leire Díez, el arresto de los propietarios de Plus Ultra y las denuncias por presunto acoso a mujeres vinculadas a dirigentes socialistas.
A partir de ahora, a Alegría le toca pasar al ataque.
