Estamos en ‘shock’

Reconozcámoslo: estamos tocados. Pero no hundidos.

Las noticias nos abaten y dejan hechos polvo: guerras, bombardeos, asesinatos, violencias machistas, pederastas, corrupción, peleas partidistas. Como si una apisonadora nos pasara por encima, nos sentimos fatal, desmoralizados, indefensos, incapaces, sin poder.

Coincido con la antropóloga Yayo Herrero cuando dice que “mucha gente se encuentra en una situación de profundo malestar, de tristeza, de agobio, de impotencia, que muchas veces se enuncian como si fueran problemas de salud mental, cuando en su opinión son reacciones tremendamente sanas a un mundo, una política y una cultura que sí que están enfermos”.

Hace muchos años la periodista Naomi Klein escribió sobre la “doctrina del shock”. A través del miedo saben que consiguen atemorizarnos, desorientarnos y paralizarnos. Esos pocos multimillonarios que manejan el mundo, avariciosos de dinero y faltos de humanidad, las élites con las que no nos cruzaremos jamás por la calle, nos quieren sometidos a sus dictados. Son capaces de disparar el precio de la energía, del combustible o de introducir tecnologías como la IA en nuestras vidas sin apenas debate democrático. Nos roban nuestra soberanía para decidir, nos arrebatan la democracia.

Son capaces de entrar en un país y secuestrar a su presidente, asesinar a un máximo dirigente o dejar una isla sin suministros básicos. Pero son incapaces (o no quieren) de evitar los bombardeos de escuelas, casas y el asesinato indiscriminado de niñas, niños y personas inocentes.

Son capaces de entrar en un país y secuestrar a su presidente, asesinar a un máximo dirigente o dejar una isla sin suministros básicos. Pero son incapaces (o no quieren) de evitar los bombardeos de escuelas, casas y el asesinato indiscriminado de niñas, niños y personas inocentes. Lo vemos hace décadas en Palestina y con especial virulencia en los últimos años en Gaza.

Su impunidad es terrorífica. Mientras en nuestro día a día estamos preocupados por llegar a fin de mes, pagar nuestras facturas y dar una vida digna a nuestras hijas, ellos se saltan cualquier norma, pasan por encima del derecho internacional y convierten el mundo en un club de la lucha sin reglas, donde todo vale y se impone el más fuerte, el que más armas tiene, más ejércitos dirige, más algoritmos controla.

Los falsos patriotas (españoles y muy españoles) lamen las botas a los imperialistas que nos amenazan. Estos “vendepatrias” son igual de cobardes que los cómplices de los abusos en nuestro día a día

Lo que mueve las guerras es su codicia, hacerse con los recursos para beneficiarse, extender fanatismos y supremacismos. Los falsos patriotas (españoles y muy españoles) lamen las botas a los imperialistas que nos amenazan. Estos “vendepatrias” son igual de cobardes que los cómplices de los abusos en nuestro día a día, los que compadrean con quienes ejercen violencias contra las personas más débiles, los que amparan el “bullying”, la violencia machista o el racismo.

¿Y ante este escenario, qué podemos hacer las personas de paz, buenas, con humanidad, con sentido común, las más? Yayo decía que “cuanto más hostil es la vida, más vínculos y más relaciones potentes necesitamos para poder sostenernos”. Yo también lo creo. Klein también señalaba caminos para resistir políticas que van contra la mayoría. Necesitamos fortalecer redes comunitarias y democráticas. Cuando las personas estamos organizadas, informadas y con instituciones fuertes, el miedo pierde poder. Frente a la “doctrina del shock”, solidaridad, memoria y participación. Plantemos cara a las políticas impopulares que nos perjudican y tratan de imponernos con sus privatizaciones. Defendamos lo público y los bienes comunes en colectivos, asociaciones, sindicatos, partidos.

Pese a tanta injusticia y tanto dolor, muchísimas personas hacen su parte, hacemos nuestra parte. En “Dignos de ser humanos”, el historiador Rutger Bregman propone una lectura revolucionaria de la historia de la humanidad, destacando cómo el altruismo y no la competitividad feroz ha sido el impulso natural del ser humano en infinidad de situaciones desde lo local a lo global. A día de hoy, desde nuestro trabajo, relaciones y movimientos sociales son muchísimas las personas implicadas por la paz, la justicia y la libertad.

No perdamos nunca nuestra capacidad de resistencia ni de esperanza. Tal vez no podamos detener todo lo que sangra en el mundo, pero no estamos hundidas. Estamos en shock. Y cuando la sociedad despierta del shock, empiezan los cambios

Solas y separadas nos quieren indefensas. Pero en el encuentro, la organización y el apoyo mutuo, la cosa cambia. No perdamos nunca nuestra capacidad de resistencia ni de esperanza. Tal vez no podamos detener todo lo que sangra en el mundo, pero no estamos hundidas. Estamos en shock. Y cuando la sociedad despierta del shock, empiezan los cambios.

Nacho Escartín Lasierra. Trabajador autónomo y ex diputado de las Cortes de Aragón

Artículo publicado en El Periódico de Aragón.

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