
Acaba de arrancar sin pena ni gloria y sin pegada de carteles por la reciente tragedia ferroviaria una campaña electoral muy extraña de unas elecciones autonómicas muy extrañas. Son las primeras que se convocan de forma anticipada en Aragón y se celebran en febrero, un mes que está siendo especialmente lluvioso y frío, lo que realmente no invita a la movilización de la ciudadanía. No hay que ser muy sagaz para darse cuenta de que en la calle no se respira ambiente electoral. Las elecciones del próximo 8 de febrero solo suscitan interés a los políticos y a los incondicionales de los distintos partidos que concurren a las urnas. El resto de ciudadanos, agobiados por la cuesta de enero, estamos a lo nuestro, que no es precisamente la lucha política.
La principal batalla que los candidatos van a tener que afrontar es precisamente reducir la alta abstención que se prevé si nos fijamos en las recientes elecciones autonómicas de Extremadura. Y si atendemos también al precedente extremeño y a las encuestas publicadas hasta ahora, el popular Jorge Azcón, que convocó las elecciones para deshacerse de las sanguijuelas ultras, logrará el triunfo, aunque su victoria será agridulce. Sonará a fracaso, porque no va a conseguir el objetivo de gobernar en solitario y se va a plegar de nuevo ante un hiperoxigenado Vox.
La principal incógnita es saber si Azcón logrará superar la barrera de los 30 escaños que le permitan desprenderse de la extrema derecha y obtener apoyos puntuales de gobierno con Teruel Existe y el PAR, en el caso de que estos últimos consigan representación, algo que tampoco está nada claro.
Mientras, la izquierda a la izquierda del PSOE sigue a lo suyo, mirándose al ombligo, incapaz de conformar una unidad de acción y fragmentando el voto del electorado progresista. Por lo que la otra gran incertidumbre del 8-F es la capacidad de la socialista Pilar Alegría de contrarrestar la fuerte caída que también le auguran los sondeos. Desde luego que el tiro en el pie que ha recibido la candidata en las últimas semanas procedente de su jefe Pedro Sánchez en forma de modelo de financiación autonómica no ayuda ni mucho menos a despejar los negros nubarrones que hoy por hoy se ciernen sobre los socialistas aragoneses. Un modelo financiero que perjudica claramente a Aragón y que ha provocado mucho ruido mediático y de la cohorte de presidentes autonómicos del PP y del populista y cada vez más derechizado presidente castellanomanchego, el ¿socialista? Emiliano García Page . Todos son conscientes de que el modelo de financiación (un regalo de Sánchez a ERC buscando su apoyo a los presupuestos de Salvador Illa en Cataluña) es un papel lleno de intenciones que no saldrá adelante porque sencillamente Sánchez no tiene los apoyos parlamentarios que necesita. Es la hipocresía en su máxima expresión en tiempos de polarización y de desinformación. Ahora, el que golpea primero y se lleva el click del titular golpea más fuerte, aunque todo sea una gran mentira.

Conrad Blásquiz Herrero, periodista, politólogo y editor del blog Desde la Aljafería
