El loco y el asesino

La política internacional está tan desquiciada que más vale ponerse un poco frívola para calificar así, con este titular: “El loco y el asesino”, a los dos grandes protagonistas de la sanguinaria sed de guerra que imponen en el mundo. Trump, el inquilino de la Casa Blanca, por poco tiempo, y Netanyahu, el sionista asesino, presidente de Israel de momento.

De Donald Trump hay que decir que está loco. Loco de atar, loco de psiquiátrico, loco de los que requieren tratamiento urgente y continuado. Ya no se trata solamente de egolatría y narcisismo en su persona. Sería demasiado indulgente. Este señor es un loco peligroso (podría padecer esquizofrenia con sus ideas delirantes); y a los locos peligrosos hay que encerrarlos para que no destruyan el mundo. Trump actúa como un niño malcriado que se salta todos los códigos que rigen la convivencia social porque sí, porque está enfadado, porque sus multimillonarios e ignorantes padres lo criaron como a un monstruo consentido.

No sé ustedes, queridos lectores, pero yo recuerdo como en su primer mandato como presidente de Estados Unidos, se veían vídeos de las habitaciones de la llamada Torre Trump (un rascacielos de su propiedad) donde la familia usaba y evacuaban su mierda en inodoros de oro. Y donde todo el lujo hortera que se exhibía en las dependencias daba ganas de vomitar. Resultaba mareante y desmesurado. Con estos envoltorios y esta educación, ¿Cómo se puede salir una persona normal? Cuando todos los caprichos de este personaje le eran concedidos sin rechistar.

También es digno de mencionar la humillación del ya presidente cuando una mujer (no recuerdo su nombre) le acusó de violación y amenazó con denunciarlo a los tribunales. El asunto lo resolvió Trump a su manera: con una suma importante de dólares para callarla. El escándalo se cerró. Pero lo mejor del caso fue la venganza de la joven modelo (o lo que fuera la señorita). Dijo a la prensa que el señor Trump resultó decepcionante porque tenía la “picha” muy pequeña. La noticia tuvo su eco social y político. Y el señor Trump ardió en cólera y su cara se puso del color zanahoria con el que adorna su extraño tupé de pajarraco.

Más actual resultan las fotografías que han circulado con el caso Epstein. En los codiciados papeles del pedófilo, que acabó sus sucios negocios ahorcándose en una celda de la prisión en la que se hospedaba en los últimos años, se ha podido ver claramente al señor Trump en un yacusi como una ballena jugueteando con niñas menores de edad a su alrededor. Incluso se especula con que el miedo a que se hagan más públicos los Papeles de Epstein, vídeos que busca desesperadamente Trump, y que este miedo le haya impulsado a montar este infierno de guerras, bombardeos, muertes y bloqueos para desviar la atención de sus juegos pedófilos. Conviene recordar sus otros juegos de guerras, amenazas y secuestros, en el tablero del mundo: Venezuela, Colombia, Cuba, México, Irán, Groenlandia.

Sin olvidar que se salta a la torera (¿cómo le dejan?) las ordenes de la Corte Suprema de Estados Unidos contra su amenaza de imposición de aranceles a ocho países europeos: Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia; por oponerse a su intento de comprar Groenlandia. También España fue el blanco de sus iras imperialistas por no autorizar el presidente Pedro Sánchez el uso de las bases de Rota y Morón en el conflicto que libra Israel y Estados Unidos con Irán. El valiente lema “No a la guerra” recuperado por Sánchez para unir a la izquierda española. Tampoco le ha gustado a la bestia.

Del otro colega y amiguete de masacres, sionista y asesino empedernido en ocupar lo que queda de la franja de Gaza, Benjamín Netanyahu, se puede resumir diciendo que es el sucesor de Hitler y copia su ideario. Un psicópata asesino de niños y mujeres y civiles que huyen del bloqueo que le gusta perpetuar. Ahora atacando y bombardeando también Líbano. Este señor orejudo ha decidido vivir permanentemente en estado de guerra para no enfrentarse a los tribunales internacionales, que deberían acusarlo y juzgarlo ya por crímenes de guerra contra la humanidad y condenarlo a prisión perpetua. Pero como el dinero llama al dinero, este pequeño país armado hasta los dientes gobierna el mundo con sus eficaces redes propagandistas que lo presentan, encima, como víctima.

Margarita Barbáchano. Periodista y escritora. Artículo publicado en El Periódico de Aragón

¿Quieres compartirlo y seguirme?
error

Enjoy this blog? Please spread the word :)

desde la Aljafería
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.