Esto días leo y escucho en muchos medios de comunicación, sobre todo tras el funeral religioso de Huelva, que las victimas supervivientes del accidente ferroviario de Ademuz solamente quieren una cosa: ”conocer la verdad”. ¿Qué verdad
No puedo menos que recordar como esa misma expresión y pregunta la escuché y me la tuve que hacer innumerables veces de los familiares de los fallecidos en la tragedia del Yak 42, avión ucraniano que se estrelló en los montes turcos cercanos al aeropuerto de Trebisonda, dejando sesenta y dos militares españoles fallecidos, en cuyo proceso judicial para determinar las responsabilidades del mismo me tocó participar como abogado litigador durante más de una década de complicados, enrevesados y por fin resueltos, procedimientos judiciales.
Entonces, como ahora, la tragedia personal se veía envuelta de un entorno cainita político que poco ayudaba, y las demandas de los afectadas me temo, quizás como ocurra ahora se quedará en un deseo o, a veces, en una súplica.
Las comisiones de investigación, ya sean ferroviarias o aeronáuticas, no buscan culpas, buscan causas, y lo hacen por una única razón, evitar que se repitan y con ello avanzar en la seguridad del medio de transporte implicado. Su trabajo es muy técnico, minucioso y largo en el tiempo, y aunque logren determinar una causa última directa del accidente, siempre, y esa es la verdad técnica, determinaran una concatenación de causas, unas fruto de otras, de tal forma que su sucesión en el tiempo es lo que lleva al accidente final. La posterior puesta en marcha de medidas correctoras en cada uno de los concretos puntos que llevaron al siniestro, es su razón de ser. En el caso del Yak, la causa última fue un fallo humano del piloto al teclear erróneamente un rumbo, pero tras ello había deficiencias en el entrenamiento de la tripulación, falta de descanso entre vuelos, deficiencias de los sistemas de ayuda a la navegación del aeropuerto, problemas de mantenimiento de la aeronave…
En los juzgados se consigue otra verdad, la judicial, que no es siempre la total…y deseada, fruto de la confrontación entre las posiciones de las partes intervinientes en el proceso, determinación de hechos y sobre todo pruebas periciales (las habrá de uno y otro sentido) que demandantes y demandados puedan presentar, y que el órgano judicial entienda son las que más se acercan a la realidad, según su imparcial criterio.
Los jueces españoles, y hasta hubo que llevar parte del procedimiento, la ejecución, en Alemania, determinaron e hicieron pagar las indemnizaciones, pero no creo que con ellas se respondiera a la petición de las familias. Aquella petición de saber la verdad que escuché al inicio del procedimiento judicial del accidente del avión de Um Air, vendettas políticas por medio que lo mejor es olvidar por su bajeza, no creo que muchas familias la entendieran respondida al final de los juicios.
La verdad, su verdad, que ellos querían conocer, posiblemente no existiera, y me meto, aunque bueno sería que me equivocara, que la súplica realizada en el altar instalado en el pabellón deportivo onubense, tendrá el mismo final, pues en lugar de saber la verdad lo que seguro quieren, desean, es que el accidente no se hubiera producido y eso nadie puede dárselo, por desgracia.

Javier Hernández, militar y jurista. Artículo publicado en Heraldo de Aragón
