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La sanidad aragonesa se hace adulta

La sanidad aragonesa se ha hecho adulta. Han pasado dos décadas desde que el 1 de enero de 2002 se materializó el traspaso de la asistencia sanitaria a Aragón, un proceso muy complejo que requirió meses de negociaciones que culminaron con el acuerdo entre el Gobierno de Aragón y el Estado, por el que se traspasó todo el personal sanitario –más de 11.000 trabajadores– y los medios materiales del entonces todo poderoso Insalud, incluidos los grandes hospitales de la comunidad.

El coste del traspaso de la considerada joya de la corona, la más deseada porque es la que más afecta al día a día de los ciudadanos, pero también la más difícil de gestionar, ascendió a 134.738 millones de pesetas de la época, es decir más de 800 millones de euros.

El socialista Alberto Larraz fue el encargado de liderar el reto de gestionar de la noche a la mañana la atención sanitaria en Aragón, una tarea ardua que se vio facilitada por el hecho de que “habíamos ya iniciado el proceso de transferir a la DGA los recursos sanitarios que en aquel momento estaban en manos de las diputaciones provinciales, como los hospitales geriátricos y la salud mental”. El reto se centró en alcanzar enero del 2002, fecha prevista del traspaso de la sanidad, con la red asistencial unificada. A principios de 2001, se transfirieron a la DGA los centros asistenciales que habían dependido hasta entonces de las diputaciones provinciales. En apenas un año, la Administración autonómica pasó a gestionar todos los recursos sanitarios existentes en aquel momento. 

El Servicio Aragonés de Salud, creado en abril de 1989, jugó un papel clave en la unificación funcional de todos los centros y servicios sanitarios comunitarios de Aragón, así como para liderar la reforma sanitaria en marcha con la llegada de las transferencias. En un principio, estuvo integrado por todos los centros, servicios y establecimientos de la comunidad, diputaciones, ayuntamientos y otras entidades territoriales. 

Las cifras de la sanidad aragonesa.

Las cifras de la sanidad aragonesa. EL PERIÓDICO

El presidente del Colegio de Médicos de Zaragoza, Javier García Tirado, ve “sombras y luces” en el proceso descentralizador de la sanidad a las comunidades autónomas. “La descentralización fue tortuosa y ha generado con el tiempo una serie de disfunciones, lo que ha restado eficiencia al proceso”. A su juicio, hubo falta de liderazgo del Ministerio de Sanidad en todo el proceso: “Hubo una dejación de funciones. Al pasar las competencias, se lavó las manos y creo que no debía haber olvidado que estábamos integrados en un sistema nacional con interconexión entre las partes”. Y agrega: “Una deuda pendiente es conseguir un sistema homogéneo, nacional y no una agregación de 17 comunidades autónomas”

A nivel de Aragón, matiza, “permitió una mejor planificación de las necesidades reales de las distintas zonas. También es cierto que esta planificación no ha obedecido siempre a criterios sanitarios, sino a cuestiones políticas”.

Ardua negociación

Tras la entrada en vigor de la reforma del Estatuto de Autonomía de Aragón de 1996, el Gobierno central y Aragón abrieron la negociación el 13 de marzo de 2001 sobre el proceso de transferencias de las competencias en materia sanitaria. Las conversaciones coincidieron con la reforma de la ley de financiación de las comunidades autónomas de régimen común y con la rúbrica de un acuerdo de financiación autonómica que definió el nuevo marco financiero del sistema sanitario.

Precisamente, en la negociación de las transferencias sanitarias, en medios políticos se interpretó que Aragón había sido rehén del nuevo modelo de financiación, ya que desde el Estado se habría impuesto la máxima del plato de lentejas: “O aceptas el nuevo modelo de financiación o no asumirás las competencias”. En el anexo E del acuerdo de traspaso se especifica: “Una vez que Aragón adopte como propio el Sistema de Financiación de las Comunidades Autónomas de Régimen Común aprobado por el Consejo de Política Fiscal y Financiera en sus sesiones del 27 de julio, 16 y 22 de noviembre de 2001, la valoración anterior (809 millones de euros) se incorporará a la financiación de la Comunidad Autónoma en los términos establecidos en el mismo”.

Sin embargo, Larraz no comparte que hubiera tal imposición. Recuerda que tanto él como el entonces consejero de Economía, Eduardo Bandrés, permanecieron en Madrid hasta finales de diciembre de 2001 con el objetivo de apurar al máximo la negociación con el Estado. “Aquel año sobró dinero. Recibimos más recursos de los que gastamos en Sanidad“, recuerda Larraz, lo que demostraría el hecho de que las competencias no vinieron infradotadas económicamente, como se aseguró en aquel momento. “Otra cosa es que las obras que se ejecutaron a partir de entonces, como la reforma del hospital Miguel Servet y el nuevo edificio de Traumatología, incrementaron el gasto”, matiza.

También la actual consejera de Sanidad, Sira Repollés, sostiene que el déficit permanente que arrastra la sanidad “no es fruto de aquella negociación, sino que es endémico. La Sanidad siempre va a ser deficitaria y con eso vamos a tener convivir, porque un sistema universal y público no puede ser rentable”.

Un sistema que mueve 2.200 millones de euros al año

Con el paso de los años, el gasto sanitario en Aragón ha alcanzado los 2.200 millones de euros en 2022. Varias razones son las causantes de ese incremento millonario: el envejecimiento acusado de la población aragonesa fruto del aumento de la esperanza de vida y, en consecuencia, de las enfermedades crónicas sería el motivo principal, al que se suma el hecho que los niveles de gasto se disparan fruto de la dispersión de la población en el territorio.

 La sanidad acaba de celebrar su vigésimo cumpleaños desde su traspaso a Aragón, justo cuando todavía sufre las consecuencias de la fortísima embestida del covid que, además de causar decenas de fallecimientos, ha puesto contra las cuerdas al sistema sanitario. A juicio de la consejera Sira Repollés, la sanidad aragonesa ha salido «airosa» de una crisis “sin precedentes, desconocida y para la que no estábamos preparados”. “Hemos salvado razonablemente la crisis económica y la sanidad ha aguantado con gran robustez“, valora.

Sin embargo, el presidente del Colegio de Médicos de Zaragoza se muestra más pesimista en su valoración. “Hemos superado la situación de forma muy justita, porque ha repercutido en el resto de patologías de las que la población necesita ser atendida. Podría haber sido excelente si lo hubiéramos podido afrontar pero no se ha hecho por la limitación de recursos provocada por el covid”.

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