Sin perricas no hay autonomía

La financiación aragonesa agoniza. Está en shock desde hace décadas, diría que desde el nacimiento de la autonomía en 1983. Ningún modelo de financiación que ha visto la luz en este tiempo ha sido sensible a las singularidades de Aragón: pocos habitantes, envejecidos y dispersos en un territorio extraordinariamente amplio y complejo desde el punto de vista de su orografía. La financiación es la gran asignatura pendiente del Estado autonómico, porque ni a PP ni a PSOE les ha interesado establecer un sistema que atendiera las necesidades reales de gasto de las comunidades. Es cierto que poner a todas las autonomías de acuerdo es complejo, pero los dos principales partidos del país están obligados a buscar el consenso que no han sabido ni querido alcanzar. Les ha resultado más cómodo atender a las exigencias de catalanes y vascos, cuyo voto ha sido clave en la gobernabilidad del país desde que Felipe González perdió la mayoría absoluta a finales de la década de los 80. PP y PSOE se han pasado por el arco de triunfo las muchas iniciativas promovidas por las Cortes de Aragón que pretendían una mejora de la financiación de la Comunidad.

Jorge Azcón conversa con su consejero de Hacienda, Roberto Bermúdez de Castro, en las Cortes.

Y lo más grave, también han incumplido el Estatuto de Autonomía. El artículo 107 dice textualmente: “Para determinar la financiación que dentro del sistema corresponde a la Comunidad, se atenderá al esfuerzo fiscal, su estructura territorial y poblacional, especialmente, el envejecimiento, la dispersión, y la baja densidad de población, así como los desequilibrios territoriales“. Y el artículo 108 establece un mandato muy claro: “La Administración General del Estado y la Comunidad Autónoma de Aragón suscribirán un acuerdo bilateral que atenderá singularmente los criterios de corresponsabilidad fiscal y solidaridad interterritorial.” Hasta ahora, papel mojado y esfuerzo y horas de trabajo invertidas inútiles.

La financiación de las 17 comunidades autónomas se ha movido a golpe de los caprichos de los nacionalistas, que llevan insertado en su ADN el egoísmo y el “qué hay de lo mío“. Y así, nos encontramos ahora con una financiación que no se actualiza desde que José Luis Rodríguez Zapatero finalizó su mandato. Han pasado más de diez años, el PP de Mariano Rajoy pudo impulsar un nuevo modelo con su mayoría absoluta, pero no lo hizo por vagancia o porque prefirió no abordar ese marrón y dejarlo al siguiente inquilino en la Moncloa, a Pedro Sánchez. En estos más de diez años transcurridos, las autonomías, que ya gestionan los grandes pilares del Estado de Bienestar -Sanidad, Educación, Atención a los Mayores y a los más desfavorecido-, han disparado sus necesidades de gasto y, sin embargo, el modelo de financiación no se ha readaptado a la nueva situación.

El documento hecho público ahora por el Gobierno de Sánchez, sorprendentemente, plantea que en el reparto del dinero no se tenga en cuenta la despoblación y la orografía, lo que perjudicará a Aragón y al resto de autonomías de la España interior, un lobby que ha dejado de serlo. El presidente Jorge Azcón calcula que la comunidad dejará de recibir más de 400 millones de euros con esta propuesta que beneficia claramente a las más pobladas: Cataluña, que sostiene a los Gobiernos de Sánchez y de Salvador Illa; a Andalucía, que el PSOE confía en recuperar con la vicepresidenta María Jesús Montero de candidata a la presidencia andaluza; a Valencia, autonomía que los socialistas esperan también atraer tras la gestión desastrosa de la Dana por parte de Carlos Mazón, un auténtico cadáver político, y a la comunidad de la madrileña Isabel Díaz Ayuso, que disfruta de un dumping fiscal fruto de la capitalidad.

La historia vuelve a repetirse una vez más. Y Azcón, que desde el inicio de la legislatura ha seguido a pie juntillas la línea de dura confrontación con Sánchez que ha impuesto Alberto Núñez Feijóo a los suyos , tiene poco margen de tiempo y escasa, más bien nula, capacidad de persuasión para propiciar un vuelco a la propuesta de Moncloa.

Señores de Vox, su obsesión en cada pleno de las Cortes con los menores emigrantes no acompañados roza ya lo enfermizo. Es muy fácil ser implacable con los débiles e indefensos, y blandengue y pusilánime con los poderosos del otro lado del Atlántico.

Conrad Blásquiz Herrero. Periodista parlamentario, politólogo y editor del blog Desde la Aljafería

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