Los “avispones” seguirán volando

Firmo siempre mis artículos en este blog con las que han sido las principales dos actividades de mi: el Derecho práctico y docente y el Ejercito del Aire, de ahí lo de “jurista y militar”. Es por ello que aunque aquí se viene a hablar de política, y yo casi más a divulgar la parte jurídica de la actividad del Parlamento aragonés, creo que por una vez se me permitirá que escriba sobre la segunda materia con la que firmo: “militar”, que algo de política también tiene.

Aragón, y en concreto Zaragoza, merced a la gran Base Área situada en su término municipal, en su día de utilización conjunta con la USAF, está fuertemente vinculado con la Aviación Militar española, donde hoy se ubican unidades de la importancia del Ala de combate número 15, el Ala de transporte número 31, el Escuadrón de despliegue aéreo, la Escuela de técnicas de seguridad y apoyo, el Grupo norte de Mando de control, la Unidad médica aérea de apoyo al despliegue, el Centro de farmacia …y seguro que alguna más me dejo. También durante años al lado de la zaragozana Plaza de los Sitios en la calle Mefisto, se ubicó la Jefatura de la entonces Tercera Región Aérea, que luego dio paso al Mando Aéreo de Transporte, deviniendo con los años, con perdida material de rango militar, en la Jefatura de Movilidad Aérea, perdiendo protagonismo jarárquico militar, pues de contar otrora con un teniente general al mando (máxima autoridad militar durante años en la comunidad), ahora se cuenta únicamente con un general de brigada…que además no está normalmente en Zaragoza y si en Torrejón, y la justificación que alguna vez se me ha dado es que asi ganaba importancia el general jefe de la Base, que lo es de brigada también.

Pero para mi hablar de vida militar es hablar sobre todo del Ala 15 del Ejército del Aire y del Espacio (lo “del Espacio” a los viejos aviadores nos sigue sonando extraño), ahora que nos  encontramos inmersos en el cuarenta aniversario su creación, ya que creada el 16 de diciembre de 1985 en la Base Aérea de Zaragoza, entonces compartida con la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, y en la que ya operaban desde hacía una década los recordados Hércules de transporte del Ala 31 (hoy sustituidos por los modernos A400.

Curiosamente, en este largo viaje en el que me encuentro, camino de mi sueño de años de llegar al noruego Cabo Norte (el estar jubilado te permite cumplir estos sueños), he recalado en la finlandesa Rovaniemi, y, tras ir a ver a Santa Claus (es lo que toca en estos lares), mientras comía un comiendo un bocadillo de reno y bebía una cerveza Karhu, al lado del rio Kemijok,  me han sobrevolado dos F18 de la Fuerza Aérea finesa, recientemente integrados en la Otan, y que en este mismo años irán siendo sustituidos por los modernos , y como no de nuevo americanos, F35. Pues bien, el reconocible sonido del bimotor para los como yo viejos aviadores, me ha recordado que eso nova a pasar en España, y que el cielo zaragozano va seguir viendo, y algunos a su pesar escuchando, a aquellos “avispones”, hornet en inglés, los conocidos aviones F18 (en nomenclatura española C 15), que arribaron en vuelo directo desde la fábrica norteamericana el 10 de julio de 1986, ya que se acaba de anunciar por parte del Ministerio de Defensa que van a ver ampliada su vida operativa hasta 2040, con lo que ampliamente superaran los cincuenta años de vida, todo un logro en aeronáutica.

Las casi 200.000 horas de vuelo acumuladas por aquellos aviones que fueron elegidos entre un amplio grupo de candidatos de la época (los americanos F 16, F14 y 15, el francés Mirage 2000, el anglo-alemán Tornado e incluso el Saab Gripen sueco), en el que fue el primer programa de evaluación expresa para la adquisición de aviones combate de la aviación española, constatan que la decisión fue apropiada, y si bien aquellas primeras unidades que fueron recibidas a partir de julio de 1986 en las pistas de la base zaragozana, se han visto sometidas a diversas y múltiples modernizaciones, en especial en la aviónica, sistema de armas y radar, su operatividad actual queda posiblemente lejos de los denominados aviones de “sexta generación”, como los actualmente utilizados en las guerra de Irán, estadounidenses F 22 o el F 35.

Su puesta de largo en el conflicto de los Balcanes con el destacamento Ícaro en la italiana Aviano, alli estuvo el que esto firma, que se prolongó por nueve años desde 1994, con el bautismo de fuego en combate de los aviones, lo que no se producía en la aviación española desde la guerra de Ifni, se ha visto a lo largo de las pasadas décadas ampliado con intervenciones por toda Europa con su integración plena en los mecanismos de coordinación de fuerzas aéreas de la Alianza Atlántica, con múltiples destacamento de policía aérea en el Báltico o en Rumanía, hoy en pleno funcionamiento,  o, recientemente, en la lejana Islandia.

Problemas en el desarrollo del futuro avión de combate europeo, en el que el consorcio liderado por Francia o Alemania no acaba de despegar; la complicada apuesta por el proyecto turco Tai Kaan, e incluso la actual situación respecto a la relación con los Estados Unidos, que hasta está poniendo en entredicho la aportación de España a la Otan o la pervivencia de las bases estadounidenses en territorio español, han llevado sin duda a esta decisión para al menos mantener un cierto nivel de operatividad de la punta de lanza de la aviación de combate española.

Generaciones de pilotos y técnicos de mantenimiento y armamento se han formad, nos hemos formado, en torno a este avión que vino a sustituir a los primeros reactores de combate con los que contó España fruto de los acuerdos de Franco con el presidente Eisenhower, que permitieron traer a la capital aragonesa a los primeros reactores de combate, los viejos Sabre y T33, convirtiendo a la capital del Ebro en punto de referencia del desarrollo aeronáutico, ahora que por fin, con la imparable expansión del área aeronáutica de Teruel-Caudé (me resisto a llamarle aeropuerto) por fin parece se va a dotar a Aragón de unos estudios de  formación técnica, tanto en formación profesional como a nivel universitario, tantas veces demandados.

Larga vida a los viejos “avispones”, hoy coronados en su cola por el tigre que figura en el antiguo emblema que acogió el Ala 15, bajo el lema “quien ose paga”, y que la necesaria adaptación para esta ampliación de su vida operativa, nos permita seguir teniendo en nuestra ventosa Zaragoza al principal instrumento de nuestra defensa aérea.

Javier Hernández García, Jurista y militar

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