Periodistas o impostores

En mi opinión, hay tres profesiones que se atienen a los principios éticos más respetados y elevados en el desarrollo de su profesión. Son el sacerdocio, la medicina y el periodismo.

Los sacerdotes están amparados por el secreto de confesión. No pueden revelar lo oído en el acto de confesión, ni siquiera ante un juez. Al igual que los periodistas, están protegidos por el secreto profesional de no revelar sus fuentes materiales o confidenciales, ya que es un derecho constitucional recogido en la Constitución española. De este modo se protege la libertad de información y el ejercicio profesional. Y los médicos, que mantienen el juramento hipocrático y juran proteger la vida, respetar la confidencialidad y actuar con integridad. Este juramento se atribuye al médico griego Hipócrates. En versión más moderna, se mantiene como un compromiso ético de dedicar la vida al servicio de la humanidad y la salud.

Por estas razones, que vienen de lejos y se mantienen en los conceptos más altos de integridad profesional, los impostores del periodismo son una escoria que hay que denunciar, separar de la política, quitarles la careta y los falsos carnés de prensa. Ensucian la democracia y expanden un virus muy fácil de propagar: la mentira como sistema.

Estamos entrando en un mundo que pertenecía a la ciencia ficción en el cual es sumamente difícil distinguir entre la realidad y la invención de lo que nos presentan en las noticias”, decía estos días en la prensa Alma Guillermo Prieto, escritora y periodista mexicana. Una mujer enamorada de su profesión y que sigue diciendo que “el periodismo es el oficio más apasionante del mundo”.

Ciencia ficción convertida en realidad, por un lado, con drones que parecen de juguete pero que son capaces de enfocar un objetivo y destruirlo. Y, por otro lado, estamos regresando al pasado más oscuro: se vuelve a hablar de la Inquisición, de la Reconquista, de la pureza de sangre, de volver al fascismo elevando a Franco a los altares.

Con arengas llenas de odio como “cristianos, sí; musulmanes, no” o “musulmán, el que no vote”. Y este otro exclamado con rabia en el Parlament de Cataluña desde la tribuna de oradores “¡España es cristiana y nunca musulmana!”, escupido con odio por un joven diputado de Vox, mientras señala a una diputada musulmana y la amenaza públicamente “¡Te vamos a deportar!”. Y el jovencito nazi y estúpido, también, ríe a continuación: “Bueno, de momento no”. Ante una advertencia se excusa con un retador perdón, sin mirar a la mujer. Esta escena del niñato que denuncia a grito pelao una invasión de infieles en su querida Cataluña no debería permitirse en un parlamento democrático. Fácil, se le expulsa primero y se le retira el acta de diputado.

Los agitadores camuflados de periodistas, subvencionados –según explican con documentos en los informativos de TVE– por las Administraciones Públicas, como parece ser que pasa en el Madrid de Almeida y Ayuso, tienen el fin de ensuciar la democracia e inocular el odio en nuestra sociedad para que se extienda como una epidemia contagiosa. La misión de estos falsos periodistas no es otra que la de provocar violencia, irritar, intimidar, perseguir y acosar a personas marcadas por Vox como objetivo. Sea en la calle reventando manifestaciones o persiguiendo a la esposa de Pedro Sánchez cuando sale de un restaurante de Madrid.

 El ejemplo más conocido es Vito Quiles, vividor del cuento, influencer, activista de la ultraderecha, que va de periodista. Y así lo llaman y defienden con desfachatez personajes importantes de la política española como Feijóo, Diaz Ayuso y Almeida. Aunque al final, la verdad sale a flote.  De este señor han salido publicados los contratos de administraciones públicas, por debajo de 20.000 euros.  Contratos menores de 18.000 euros que no hay que licitarlos y se adjudican directamente, sin pasar ningún tipo de control. Así, el verdadero periodismo ha desvelado hasta 172 contratos destinados a provocadores ultra de Vox, a los que se les permite incluso entrar en el Congreso de los Diputados como periodistas o asesores de los grupos neonazis que solo buscan desestabilizar la democracia.

Tengo que decir que siempre he tratado de ignorar a este tipo de impostores que se infiltran en partidos políticos de la derecha para ofrecer sus servicios.  Esta es la biografía del impostor que sale en Wikipedia. No se la pierdan: “Vito Quiles, influencer y activista político español de extrema derecha. Famoso por sus entrevistas callejeras, micro en mano, haciéndose pasar como periodista”.

Margarita Barbachano, escritora y periodista. Artículo publicado en El Periódico de Aragón.

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