Estrellados

Tenía que pasar. Tantos proyectos estrella en el Ayuntamiento de Zaragoza. Tanta claudicación del Gobierno de Aragón, arrodillándose ante Vox, al apoyar y anunciar (con un poquito de vergüenza) su medida “estrella” para esta legislatura. La concertación del Bachillerato a la privada para el próximo curso. Ha sido tumbada por el TSJA (Tribunal Superior de Justicia de Aragón) que decidió suspenderla temporalmente. La ayuda garantizaba, además, su financiación hasta el curso 2030-2031. Por un importe total de 57,7 millones de euros.

Los tambores de guerra sonaron fuertes en las calles y en el ámbito educativo. Y Azcón temió lo peor: perder su puesto de jefe ante la presión de los ciudadanos. “¡Azcón, la Educación y la Sanidad Pública NO se tocan!”. Gritaban en las manifestaciones. El sábado 13 de junio, los titulares de la prensa abrían sus portadas anunciando que la DGA descartaba la concertación del Bachillerato el próximo curso tras la decisión del TSJA.

Hay que decir que la escuela pública ha ganado el pulso, en ese tour de force al gobierno PP-Vox, o mejor decir Vox-PP, que se subió a la parra demasiado pronto, despreciando a 17 entidades y organizaciones, que presentaron un recurso ante el alto tribunal de Justicia. Y demostró su fuerza el pasado 20 de mayo con una manifestación que congregó a 18.000 personas (cifra confirmada por la Delegación del Gobierno).  Se acabó el mantra de sostener que la medida estrella del Ejecutivo garantiza la libertad de elección de centro. Como vienen repitiendo con rancia demagogia los partidos de derecha al intentar dar la vuelta a la tortilla.

Es mentira, una absoluta mentira que no haya libertad de elección de centro. Las familias llevan a sus hijos donde mejor les parece. Y el único problema con el que se enfrentan en este proceso de elección es precisamente su poder adquisitivo. Si una joven pareja quiere llevar a sus hijos a un centro privado de la iglesia, del Opus Dei, o donde prime la enseñanza bilingüe, nadie se lo impide; y así debe ser. Pero solo podrá hacerlo si tienen dinero para pagarlo. Si no, a la pública donde se acoge a todo el mundo, venga de donde venga.

A mí me hubiera gustado que mis nietas empezaran su escolarización en un cole con piscina, campo de futbol, gimnasio, aulas bien climatizadas, mucho césped y arbolado en las zonas de recreo, y aprendieran a hablar una segunda lengua sin esfuerzo desde los cuatro años; pero la vida impone sus reglas. Y no pudo ser porque la economía familiar no daba para tanto. Y además porque mis hijos quieren para sus hijas una enseñanza laica, sin adoctrinamiento, y donde primen otros valores, como la igualdad, la solidaridad y la cultura en todos los ámbitos.

Por eso me parece una auténtica vergüenza que, de nuestros impuestos, de los presupuestos generales del Estado, se esté financiando a los centros privados para seguir nutriendo el negocio de la concertada. Colegios nuevos, todo a estrenar en muchos casos, mientras se asiste al desmantelamiento del sistema público.

¿Por qué muchos colegios e Institutos públicos necesitan de urgente mantenimiento, reparaciones, y un lavado de cara? ¿Por qué nuestros alumnos soportan clases a 34 o 35 grados, y el aire acondicionado no llega a las aulas? ¿Por qué el dinero que necesita la escuela pública va directamente a los centros privados? ¿Por qué llaman concertación a lo que es una financiación encubierta a los negocios de determinadas empresas y entidades? ¿Por qué se quiere destruir lo mejor y más importante, como es la Educación Pública y la Sanidad Pública?

La respuesta está en primar poco a poco o a lo bestia el modelo privatizador que Vox está imponiendo con el beneplácito del PP y sus amigos los empresarios. ¡Ojo!, todos mis respetos a los empresarios que se la juegan y levantan la economía de un país. Me refiero a los que gracias a las influencias y al amiguismo con los núcleos de poder sacan tajada y hacen caja para sus negocios en su exclusivo y propio beneficio. Ahí lo dejo.

Y para terminar este artículo de hoy quiero denunciar los pasitos que está dando el partido nazi (Vox), con su vicepresidente Nolasco, para desmantelar las ayudas que la Universidad de Zaragoza dedicaba a la Cooperación. Este hombre, que siempre parece enfadado cuando posa para la prensa, ha cancelado la partida de 30.000 euros para financiar la cátedra de Cooperación al Desarrollo. Esa “calderilla” pasará a ser destinada a “servicios sociales de prioridad nacional”, ha dicho. Y para justificar el detalle dice que ese dinero irá solo a los aragoneses. “En materia de ancianos y personas discapacitadas”. ¡Aleluya!

Margarita Barbachano. Periodista y escritora. Artículo publicado en El Periódico de Aragón

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