El onanismo político de PP y Vox

Emilio Gomáriz fue un tránsfuga del PP que en septiembre de 1993 tumbó en una polémica moción censura al Gobierno de Emilio Eiroa… y días después envió a la prensa una autoentrevista suya. Sí, una entrevista hecha por él mismo, con preguntas y respuestas incluidas. Y lo mejor —o lo peor— es que empezaba diciendo: “Me alegra que me haga esa pregunta”.

Treinta años después, aquella escena grotesca parece repetirse… porque lo que han hecho PP y Vox en las Cortes de Aragón se asemeja demasiado: permitir que sus diputados pregunten a sus propios consejeros. Una especie de autoentrevista institucional, pero con micrófonos oficiales y comiendo tiempo parlamentario. ¿El resultado? Un ejercicio de onanismo político, de autocomplacencia, de autobombo. Un mecanismo para lucirse… y para quitar minutos a la oposición, que es la que debería ocupar ese espacio.

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PP y Vox dicen que esto también pasa en el Congreso y en el resto de parlamentos autonómicos. Y es verdad. También lo es que está previsto en el reglamento, pero en Aragón, durante cuarenta años el control al Gobierno ha sido territorio exclusivo de la oposición. Cuarenta años de una tradición que no era un capricho: era un contrapeso democrático. Porque el Gobierno ya tiene escaparates públicos de sobra: ruedas de prensa, redes sociales, actos institucionales, el BOA. No necesita también el altavoz de las Cortes.

Lo que sí necesita —o lo que parece necesitar— es controlar el relato. Y así empieza esta segunda cohabitación forzada entre PP y Vox: Avasallando a la oposición y recortando recursos a los partidos pequeños, esta vez con ayuda del PSOE.

Y aquí está la clave: cuando un Gobierno necesita preguntarse a sí mismo para brillar, lo que demuestra no es fuerza, sino fragilidad. Porque un Parlamento convertido en espejo del Gobierno deja de ser un Parlamento.

En este clima de fricción, las Cortes celebraron esta semana el primer pleno de la legislatura. Y fue un pleno tenso, ruidoso, agitado. Un grupo de trabajadores de la enseñanza pública interrumpió la sesión lanzando octavillas al hemiciclo contra la concertación del bachiller.

Ese fue solo el preludio. La sesión terminó con un Vox crecido, imponiendo al PP su agenda xenófoba y rechazando la regularización de migrantes. Una demostración de fuerza interna que deja claro quién marca el paso en esta cohabitación.

Conrad Blásquiz Herrero, periodista y editor de la web política desde la Aljafería

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