El voto del tractor

​Si alguien pensaba que el medio rural aragonés era un bastión inexpugnable del bipartidismo o el jardín privado del regionalismo, los resultados de las elecciones autonómicas del 8 de febrero le han dado un baño muy frío de realidad. Vox ha pasado de ser un invitado incómodo a convertirse en el dueño de la llave de paso en los pueblos.

Pero, ¿Cómo ha logrado Vox calar en las tierras donde la política suele medirse por la cercanía y no por la ideología de bloque?

Vox no ha ganado en el Aragón de los despachos, sino en el de las cooperativas y las naves agrícolas. Su discurso ha sido un dardo directo a tres dianas que el resto de partidos, quizá por exceso de corrección, solo se atrevieron a rozar:

  • La seguridad en el medio rural: Han agitado el fantasma de la inseguridad y la inmigración ilegal en zonas donde, aunque las estadísticas digan lo contrario, la sensación de abandono institucional es real. Cuando el cuartel de la Guardia Civil más cercano está a 40 minutos, el mensaje de Vox suena a promesa de protección.
  • El colapso de la sanidad rural: Irónicamente, un partido centralista ha recogido el voto de quienes se sienten abandonados por la descentralización. “Si en Zaragoza hay médicos y aquí no, que alguien mande desde Madrid“, es el resumen de barra de bar que ha alimentado sus catorce escaños.
  • ​Vox le ha robado la cartera a Aragón Existe. Mientras el líder de Teruel Existe, Manuel Guitarte se centraba en las instituciones y el diálogo, Nolasco bajaba al barro de las “guerras culturales“, convenciendo a muchos de que para que Teruel exista, primero hay que “limpiar la casa“.
El mapa del sorpasso rural

El ascenso de la ultraderecha no ha sido uniforme, pero sí sintomático. Vox ha logrado ser la fuerza más votada en municipios de perfiles muy distintos: Cinturones industriales y “dormitorio“: En localidades como La Muela o La Puebla de Alfindén, ha arrasado. Aquí el voto es joven, trabajador y muy sensible al discurso sobre los impuestos y la vivienda.

Con 117.347 votos a la espalda, Vox ya no es el hermano pequeño. En el medio rural aragonés ha demostrado que su mensaje no era una moda pasajera, sino un refugio para un electorado que se siente atacado por el mundo moderno. Ahora, Nolasco se sienta en la mesa de negociación con el campo como bandera. Azcón tendrá que decidir si le da las consejerías de Agricultura y Desarrollo Rural o si prefiere arriesgarse a que el “copiloto” le sabotee el tractor en mitad de la legislatura.

Conrad Blásquiz Herrero, periodista y editor del blog Desde la Aljafería

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