El último terremoto político de Madrid ha dejado temblando a la izquierda y ha caído como un auténtico obús en el PSOE aragonés. Hablo de las demoledoras 88 páginas de imputación que acorralan al expresidente Zapatero. Hasta ahora, Zapatero era el gran referente de los avances sociales en el país. Pero hoy, en el Edificio Pignatelli, el PP no analiza el impacto institucional de esta caída; más bien… parece que descorchan cava aragonés. Para Jorge Azcón, el colapso ético de sus rivales no es una crisis de Estado: es un festín electoral. La excusa perfecta para abrir un nuevo frente en Aragón con asunto que nada tiene que ver con nuestra comunidad.
Siguiendo el manual de tierra quemada, Azcón y sus socios de Vox han presentado esta semana una propuesta que roza el esperpento: impulsar una comisión de investigación parlamentaria sobre una presunta orgía del exministro Ábalos en el Parador Nacional de Teruel. Es una maniobra burda. El objetivo real no es la búsqueda de la verdad, sino estirar el chicle del escándalo para desgastar a la socialista Pilar Alegría, que era delegada del Gobierno cuando ocurrieron los supuestos hechos. Con esto, las Cortes aragonesas se convierten en una sucursal del barrizal madrileño. Azcón demuestra ser un alumno aventajado de Isabel Díaz Ayuso: activar el ventilador y hablar de cualquier cosa, cuanto más escabrosa mejor, para tapar los problemas reales.
Pero los dolores de cabeza de Pilar Alegría no solo vienen de la derecha; también de sus propias filas. Esta semana, Mayte Pérez, mano derecha de Javier Lambán, ha abandonado la política criticando abiertamente la “falta de humanidad” del PSOE actual.
La izquierda se desangra por dentro y el PP exhibe una sumisión de manual ante la extrema derecha. Le ha regalado un senador autonómico a Vox y ha obligado a dimitir a su propio vicepresidente primero de las Cortes para cederle el sillón a los de Abascal. Son los peajes de una cohabitación a martillazos.
Y mientras el Gobierno de Azcón juega con dinero público a los detectives de alcoba en Teruel, las costuras de los servicios públicos aragoneses están reventando. El departamento de Educación es un polvorín. En tiempo récord, la directora general ha pegado el portazo y ha dimitido, ninguneada por su propia consejera. Al mismo tiempo, los sindicatos le han declarado la guerra abierta a Azcón con huelgas masivas contra el desvío de dinero público para la concertación del Bachillerato.
Dos récords absolutos en solo veinte días de gobierno: una espantada en la cúpula educativa y protestas en las calles. Queda claro: la primavera aragonesa promete ser muy caliente… y no precisamente por las supuestas orgías de Ábalos

Conrad Blásquiz Herrero, periodista y editor de la web política desde la Aljafería
