Atentos a la última lindeza en las Cortes. Un diputado de Vox soltó el lunes en la comisión de Educación sin despeinarse: “Me gustaría ver mucho cerdo en los comedores escolares”. Y no, no es que sea un amante de la gastronomía; es su burda y cruel estrategia para purgar las aulas de niños musulmanes a base de lomo y chorizo. Ante semejante despliegue de xenofobia dietética, la indignación entre los presentes fue inmediata. ¿La respuesta de la consejera de Educación? El silencio de los corderos. O mejor dicho, la estrategia de la avestruz. Mirar hacia otro lado, meter la cabeza bajo el ala y rezar para que el tufo a rancio se disipe solo.
Mientras tanto, Alejandro Nolasco convocaba el mismo lunes su primera rueda de prensa de la legislatura. ¿Para presentar proyectos de su superconsejería de Bienestar Social? ¡Por favor, eso sería pedirle gestión!
Haciendo uso de la sala de prensa del Pignatelli y los medios públicos, incluidas las redes sociales, la web y el sello oficial del Gobierno, Nolasco prefirió hacer lo que mejor se le da: carroñería política. Utilizó una agresión machista en Zaragoza para alimentar su discurso antiinmigración y, de paso, criminalizó a los menores migrantes anunciando más policía en sus centros. Y el consejero Roberto Bermúdez de Castro, del PP, de quien depende la policía adscrita, tardó pocas horas en oponerse a llevar a la práctica la nueva obsesión de su socio. En consecuencia, asistimos a la primera crisis del Gobierno en 20 días. Intuyo que no será la última porque es evidente que Vox ha vuelto a las andadas con su cruzada migratoria, esa que dejó a medias cuando abandonó el Gobierno de Azcón hace dos años. Han regresado hambrientos, sobreactuados y dispuestos a dar a su electorado la ración de testosterona y muros que les prometieron. No es una sorpresa. Están en su papel.
La verdadera incógnita, el auténtico drama de esta historia, recae sobre el Partido Popular. ¿Qué piensan los votantes del PP de este viaje al medievo? ¿Comparte Jorge Azcón esta cruzada racista de su socio ultra? Por ahora, el presidente de Aragón prefiere imitar a su consejera de Educación y perfeccionar el arte del escapismo.
La pregunta es: cuánto tiempo va a pasar hasta que la bestia que ya empieza a asomar la pata acabe pisoteando la dignidad de su Gobierno.

Conrad Blásquiz Herrero, periodista y editor de la web política desde la Aljafería
