De presidentes y presidentas

Retomamos el curso parlamentario tras el parón estival, y lo primero que nos encontramos en este todavía caluroso mes de septiembre es la serie de reuniones que la presidenta de las Cortes, María Navarro, ha mantenido con los distintos representantes de los grupos y  agrupaciones parlamentarias.

Singular forma de iniciar este nuevo periodo parlamentario de la XII Legislatura, que sin duda se enmarca en la proactividad  que tiene Navarro para ejercer su cargo, lejos de cómo lo hacía Fernández, su antecesora… pero ya habrá tiempo de hablar de ambas.

Sirva esta entradilla para iniciar un repaso sobre quiénes y cómo han ejercido unos y otras la Presidencia de las Cortes aragonesas, desde aquel lejano 1983, cuando el profesor Antonio Embid (PSOE) asumía por primera vez la dirección del recién creado por el Estatuto de Autonomía de Aragón de 1982, poder legislativo autonómico. El político y académico socialista asumió el reto, con éxito, de poner en marcha los cimientos normativos y de control del también primerizo gobierno autonómico, dejando la Presidencia tras la elecciones de 1987, aunque continuó una nueva legislatura como diputado de a pie, marcando como jurista las señas técnico-jurídicas del quehacer legislativo, para en la siguiente, la III legislatura, volver a ser elegido diputado, pero bastó un año en ella para que decidiera apartarse de la primera línea política y centrarse en su carrera académica, en la que como catedrático de derecho administrativo ha creado escuela.

La II legislatura elevó, de forma sorpresiva, a la Presidencia de las Cortes a Juan Bautista Monserrat (CDS), quien a la postre sería posteriormente el segundo Justicia de Aragón, mi primer Justicia. Como de Monserrat no puedo ser imparcial al hablar de él, pues no en vano fui su asesor en el Justiciazgo y posteriormente compartimos despacho como abogados, y hasta podría decir que mantenemos una discontinua amistad, me remitiré para los curiosos, a fin de tener noticias de cómo fue elegido (aquí el notario Merino Hernández tendría mucho que decir), a lo que el recordado Ángel Cristóbal Montes dijo de él y de ello en su incisivo libro autobiográfico “Fragmentos de memorias políticas: cinco guerras”, sin duda sorprenderá a quien lo lea.

Fue precisamente el Catedrático de Derecho Civil Ángel Cristóbal Montes (PP), quien asumió el cargo en la III Legislatura. Se vivió en esos años, de 1991 a 1995, un periodo de gran brillantez parlamentaria bajo la dirección de la Cámara por parte del singular político y a la postre filósofo, cuyo perfil académico y paso por el PSOE y el CDS le habían configurado como uno de los grandes políticos aragoneses de la Transición, al que sólo le faltó, y más de una vez me lo confesó en petit comité, llegar a ser presidente de la Comunidad Autónoma.

Y se inició tras él la que podemos llamar época PAR (ahora con dicha formación fuera del arco parlamentario nos parece mentira su importancia parlamentaria de esos años), con las Presidencias sucesivas de Emilio Eiroa y José María Mur, entre 1995 y 1999 el primero, y 1999 y 2003 el segundo.  Tiempo de pactos y de oscuras maniobras.

Eiroa venía de ser presidente de Aragón tras la renuncia de Hipólito Gómez de las Roces, y sufrió en su propia carne uno de los sucesos mas vergonzosos de la política aragonesa, como fue la moción de censura presentada por el socialista Marco con el apoyo del tránsfuga del PP Gomáriz. Mur, histórico aragonesista, fundador del PAR, y con un amplio bagaje en política nacional como diputado (de nuevo quién lo diría ahora de su partido), supo en la V Legislatura dar soporte parlamentario al Gobierno de coalición PSOE-PAR, destacando entre sus aportaciones la puesta en marcha del sistema de comarcalización aragonés.

El único presidente que ha ejercido en dos legislaturas la presidencia, en la VI y VII, fue Francisco Pina (PSOE), entre 2003 y 2011. Sin duda en el haber del político socialista destaca el haber conducido las labores que llevaron a la gran reforma estatutaria de 2007, tras la que Aragón se situó realmente en primera línea de su autogobierno, y ello desde el pactismo que siempre, de momento hasta ahora, nos ha identificado.

Y llegamos a uno de los mayores “animales políticos” del Aragón actual: José Ángel Biel (PAR). El que había sido vicepresidente del Gobierno aragonés en coalición tanto con el PSOE como con el PP, y con su pasado en UCD en el que fue diputado en las Cortes Generales constituyentes, tuvo en la Presidencia parlamentaria su postrero cargo de primer nivel, destacando algo tan singular como asumir la Presidencia de la Bilateral Aragón-Estado, algo cuestionable siendo como era el máximo representante del legislativo autonómico. Pero Biel era mucho Biel.

Me atrevo a decir que quizás tras Biel las Cortes aragonesas abandonaron “la vieja política”, con una alternancia en la Presidencia, y el acceso a ella de una mujer. La IX Legislatura vio cómo inicialmente era el barbastrense Antonio Cosculluela (PSOE) el inicialmente elegido, pero tras su dimisión a los catorce meses de ser nombrado al decidir continuar como acalde de su ciudad, los pactos de gobierno PSOE-Podemos llevaron a que Violeta Barba (Podemos) fuera la elegida para ocupar el puesto de segunda autoridad aragonesa por lo que quedaba de legislatura. Tuve el honor de compartir con ella parte de su mandato, ya como asesor jefe y como lugarteniente del Justiciazgo (de hecho prometí este último puesto ante el Justicia Dolado y ella en el Palacio de Armijo), y todo lo que puedo decir de Violeta sería bueno, hasta que supo tras su mandato dejar la política y volver a ejercer como abogada laboralista, demostrando que hay promesas y principios que algunos sí cumplen.

Pero si con alguien compartí personalmente más periodo y quehaceres, fue con Javier Sada (PSOE). El médico que fuera alcalde de su pueblo, Ateca, había sido siempre uno de los políticos socialistas de mayor peso, que vio premiada su amplia labor de años de municipalismo y servicio al partido con la Presidencia de la Cámara entre 2019 y 2023. Pandemia por medio y ante la debacle de Podemos y el el nacer de Vox, supo Sada mantener al Parlamento aragonés en la senda del ya citado pactismo que nos define, mucho más ante el gobierno cuatripartito que conformó Lambán. Y aunque pueda parecer algo menor, y de la mano del recientemente fallecido y recordado Arturo Aliaga, logramos con Sada que el Gobierno, el Parlamento y el Justicia, junto a la Universidad que la acogía, pusieran en marcha la Cátedra de Derecho Civil y Foral Aragonés.

Y llegó Marta Fernández (Vox). También he compartido con ellas actos y reuniones institucionales, y debo decir, con las diferencias ideológicas que no niego puedo con ella tener, que en la distancia corta su cercanía y amabilidad la definen. No ha sido la XI legislatura un periodo sencillo, con ruptura de la coalición de gobierno PP-Vox al poco de comenzar, lo que supuso quizás la quiebra de ese pactismo que tanto he repetido en este artículo, no ya tanto por la forma de ser de nuestros representantes políticos, y sí por la traslación a esta tierra, por desgracia, de las confrontaciones que desde Madrid nos llegan, haciendo que todo sea ahora blanco o negro, sin grises..

Y llegamos al final, aunque la hemos citado al principio. La Presidencia de la XII Legislatura recayó en María Navarro (PP). Política de raza, no se entendió muy bien que no fuera ella la designada para sustituir a Azcón en la Alcaldía de Zaragoza, acabando en la anterior legislatura como diputada base en el Parlamento aragonés, en el que ahora, ha sido elevada al máximo puesto…, lo que demuestra que a veces la paciencia y discreción tienen su recompensa.

Javier Hernández García. Jurista y militar


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