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La Cataluña del odio

Un amigo de la infancia que vive en Barcelona me comentó el otro día con tristeza: “La gente en Cataluña se ha vuelto loca. Tengo que salirme de grupos de whatsapp de familiares, de amigos. De golpe todo el mundo está enfadado. No éramos así”.

Esa es la Cataluña que ha construido Puigdemont y su banda. La Cataluña del odio al que piensa diferente. La Cataluña de la división. La Cataluña de la confrontación. La Cataluña de la xenofobia. Dónde está la Cataluña progresista que yo conocí, la Cataluña abierta, la Cataluña democrática. Porque lo que hay hoy no es una democracia.

Qué proyecto tiene Puigdemont y su banda para los miles de catalanes que no son independendistas. En Cataluña ya no se habla de política entre amigos. Y como sigamos así ya no se hablará ni del Barça.

Intuyo que al final de esta trágica película veremos a Puigdemont declararse en rebeldía e incluso saliendo esposado de la Generalitat (que es a lo mejor lo que él quiere), como lo hizo Lluis Companys cuando el 6 de octubre de 1934 declaró la República Catalana. Y después qué? ¿Se desplegarán los tanques por la Avenida Diagonal? O como alguno ha comentado en tono irónico: ¿Esculpirán un gran busto de Mariano Rajoy y pondrán su nombre en una calle de Barcelona por su contribución a la fabricación de independentistas? Hay que dialogar, dialogar. Hay que detener esta locura. Hay que hablar de reformar el modelo de Estado. Hay que hablar de una segunda transición. Y por qué no, también hay que hablar de la España federal y asimétrica, que propugnaba Pasqual Maragall a finales de la década de los 90. Sólo así el independentismo perderá fuerza. Me temo que quizás sea ya demasiado tarde.

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