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Fuego amigo

“Amor, lo que se dice amor, no se tienen, pero por encima hay un respeto institucional”. Un alto cargo del Gobierno de Aragón define esta forma gráfica las relaciones actuales entre Pedro Sánchez y Javier Lambán. Ahora que estamos en San Valentín, podríamos decir que nunca se han querido y que ahora airean, sin complejos, sus trapos sucios. Se soportan porque no tienen más remedio.

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El mensaje que circula estos días por el Pignatelli y en declaraciones públicas oficiales es el siguiente: las disputas, en este caso por la deuda de 80 millones de euros por el IVA, son habituales entre administraciones, entran en el terreno de lo normal, aunque acaben en los tribunales y, por tanto, no deberían enturbiar y mucho menos obstaculizar las relaciones entre Zaragoza y Madrid.

El contencioso del IVA se quiere normalizar. Sin embargo, la imagen que trasciende es justamente la contraria. La impresión que se transmite es la de dos líderes, Javier Lámbán y Pedro Sánchez, que son del mismo partido, y que no paran de lanzarse órdagos incluso antes de mantener la primera entrevista de la legislatura. Que si Lambán lanza un ultimátum de dos semanas a la ministra Montoro para que le devuelva el dinero del IVA, pues Sánchez responde a las pocas horas quitando de la Delegación del Gobierno en Aragón a Carmen Sánchez, mujer de máxima confianza de Lambán, y sustituyéndola por otra socialista, Pilar Alegría, enfrentada al dirigente aragonés. Y, ¿cuál es la respuesta de Lambán? Reúne a su Gobierno al día siguiente y pone en marcha la maquinaria para judicializar la deuda del IVA y sumarse, de esta forma, a la revuelta del PP con este asunto.


Lo que no es normal es este peligroso fuego cruzado entre ambos dirigentes socialistas, que seguramente subirá de tono a lo largo de la legislatura y que, de seguir así, amenaza con cobrarse una única víctima: el desarrollo de Aragón.

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