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La economía va mal, pero cuál

Las cotizadas del Ibex vuelven a los beneficios con el tirón de la banca. Los números negros llegan a 12.750 millones de euros, frente a las pérdidas del arranque de 2020. El resultado bruto de explotación crece un 18,2%, aunque la facturación baja. «La empresa X duplica su resultado pese a la caída de los ingresos». «El beneficio de Y mejora con el menor lastre de YY». Una multinacional de combustibles «se lanza a por las renovables en el mercado norteamericano». Una financiera «ultima la compra de la ficha bancaria de XY a XX». Una energética española «inyecta capital en la filial de EEUU con el apoyo de Qatar». «Los bonistas (de un banco español) han ganado más que los accionistas de banca». Dos de los principales empresarios turísticos españoles «abren restaurante en Los Ángeles».

Estos son los titulares que hace tan solo dos días aparecían en la portada de uno de los principales diarios de información económica del país. Noticias excelentes para la economía de las grandes empresas, muchas de las cuales van a ser las grandes beneficiarias de los milmillonarios fondos europeos destinados a la reconstrucción. En un margen más discreto, a la derecha de esa misma portada, aparecía el envés, la auténtica cara b, de la información económica: el Banco de España «exige revisar el sistema impositivo y el gasto público». También: Empleo «propone aplicar la mochila austriaca con fondos europeos».

Como se puede comprobar, la realidad ofrece dos caras distintas de la misma economía: la de unas excelentes noticias para grandes grupos empresariales que si bien han sufrido la crisis esta solo ha sido sobre sus anteriores grandes beneficios y remontan tras un año de pandemia y la que se plantea para la gran mayoría de los trabajadores de una sociedad sumida en una crisis profunda.

Por tanto, conviene no perder la perspectiva cuando se dibujan horizontes nubarrones y es momento de que se tenga en cuenta cómo se va a salir de este parón de la economía y quién va a sufrir las consecuencias. A la vista de las informaciones económicas, está claro que el sol sigue sin salir igual para todos. Las portadas suelen ser caprichosas. En septiembre de 2008, en otro margen a la derecha de la portada de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN que celebraba el éxito de la Expo aparecía una noche negra en Wall Street, la quiebra de Lehman Brothers y el preludió de una de las crisis más graves de las últimas décadas.

Esta crisis coyuntural pasará, aunque dejando de nuevo a mucha gente por el camino. Pero pasará y volverán a darse cifras expansivas y remontará el consumo. Parecerá que otra vez ha pasado lo peor. Sin embargo, es en esa letra pequeña de la portada donde está la clave, la que se debe abordar de una forma urgente y definitiva para acabar con los problemas estructurales del país. Hasta que no se aborden esas dos reformas fundamentales, la del empleo y la del sistema tributario para construir un sistema más justo y equitativo, España no dejará de ser un país con problemas endémicos en el llamado mercado laboral y en su déficit y elevada deuda pública. Esa debe ser una urgencia del Gobierno, dispuesto a abordar ambas reformas pero todavía titubeante y lanzando globos sondas para ver su aceptación entre los agentes sociales y la opinión pública. Es urgente la reforma laboral y la revisión profunda del sistema impositivo a través de unas reformas fiscales que dejen de gravar a las clases medias de asalariados y autónomos y sea de una vez un modelo progresivo y ajustado. La fórmula sencilla y solidaria de que aporte más quien más genera.

Hasta ahora, las sucesivas reformas laborales consisten en el abaratamiento del despido sin que este permita acabar con el desempleo y garantizar que el despedido se reincorpore rápidamente a otro puesto de trabajo. De poco han servido las reformas laborales, más que para generar dolor en muchas familias. Las reformas fiscales, por su parte, han sido superficiales, han incidido sobre los impuestos indirectos y suprimiendo algunos que tienen muy mala prensa pero cuya supresión beneficia a pocos. Solo con empleo se garantiza la economía y la creación de riqueza, y solo con impuestos se pueden sufragar los necesarios servicios públicos. Un debate viejo pero que sigue sin resolverse.

Antonio Ibáñez, periodista

Artículo publicado en El Periódico de Aragón

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