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Política de trincheras

Estoy preocupado por España. Suena a frase rimbombante, pero la política nacional vive momentos que me desmoralizan. Venimos desde hace demasiados años de un nulo entendimiento entre los dos partidos centrales de este país, de un aumento de los extremismos, que en Cataluña varios partidos desde hace más de una década sólo viven para declarar la independencia, y todavía colean las causas abiertas y las sentencias por corrupción del PP (Gürtel y Púnica, por poner dos ejemplos) y del PSOE (los ERES de Andalucía)

La última semana ha colmado el vaso: Una moción de censura fallida en Murcia lo ha desatado todo. Una moción surrealista, porque uno de los partidos que la presentaba, Ciudadanos, lo hacía desde el gobierno en el que estaba con el PP. Una moción mal medida, porque es increíble que PSOE y Cs no calcularan la onda expansiva ( además, en la tierra del número 2 del PP nacional). Y una moción no controlada por Cs, al ver cómo en menos de 48 horas tres de sus diputados daban marcha atrás

Y a partir de ahí, todo ha ido a peor. Políticos que se cruzan acusaciones: “¡fascistas!  ¡comunistas!”. La presidenta de Madrid diciendo que hay que optar entre socialismo y libertad (cuando Pablo Iglesias anunció su candidatura lo cambió por “comunismo o libertad”). Con ese mensaje ¿quiere decir que el socialismo es represión?. Estoy saturado de mensajes primarios, tuits agresivos y una política de marketing que solo busca los más bajos instintos. El interés general ni está, ni se le espera

Tomen nota de la Transición, los que la deifican hasta el absurdo y los que reniegan de ella con una soberbia que asusta. La historia la saben: un ministro franquista (Fraga), un comunista (Sole Tura), un catalán de centro-derecha, (Miquel Roca), tres diputados de UCD (Cisneros, Herreros y Pérez Llorca) y uno del PSOE (Peces Barba) fueron capaces de ponerse a trabajar para sacar adelante una Constitución, en un momento complicadísimo en este país

 Ahora se me hace imposible ver un acuerdo mínimo sobre prácticamente nada. Y están obligados a buscarlos, o al menos a intentarlo. He dicho alguna vez públicamente que no me siento precisamente cercano a las ideas de Vox, pero hay más de 3,5 millones de españoles que les han votado. Y a Podemos le ha votado más de 3 millones de personas. Y parece claro que será muy difícil que coincidan en algo. Pero cruzar insultos sólo vale para encabronar el ambiente (redes sociales incluídas) algo que a Vox, y los datos lo demuestran, le va bien. No trato de ser buenista (no soy gilipollas) sino de introducir algo de sosiego al barro que ahora lo enfanga todo. Porque lo de “cuanto peor, mejor” le puede valer a asesores sin escrúpulos y a políticos con apego al poder y al cargo. Pero a España ni le vale, ni le sirve. Y España es de todos.

Pepe Lasmarías, periodista

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