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Un cierre inevitable pero apresurado

Se puede caer con dignidad y respeto. Pero hasta eso le arrebataron a la central de Andorra

“Maestro pirotécnico, va a comenzar la mascletá”. Fue la frase, en valenciano, que un youtuber, invitado por Endesa, pronunció instantes antes de que la térmica volase por los aires. En su vídeo no se ve cómo cae el símbolo del empleo en Teruel, sólo los rostros de otros comunicadores, móvil en mano, de revistas de viajes, de empresas de ingeniería del país. Se escucha el estruendo y después, aplausos, vítores y más de 72 mil reproducciones del bochorno. No grabó la explosión, sólo le interesaba rodar la escena como un mal imitador de Amenábar en su “Tesis”.

A su lado, otros informadores, los de la tierra. Los que mantuvieron tipo y silencio porque sabían que con la explosión se detonaba una forma de vida, por la que han luchado hasta el final los más de 2500 trabajadores que llegó a tener en sus mejores años.

Empezó la cuenta atrás y cuando las torres cayeron, un reto de precisión, eso dijeron, en segundos se reducían a escombros cuatro décadas de prosperidad. No muy lejos, en sus alrededores, había otros espectadores, los que la conocieron de verdad, los que la vieron nacer y aquel día la vieron morir. Tras la mascletá, la tristeza y el duelo se apoderó de muchos de ellos. Lo vimos también por sus vídeos. La enfocaban a ella.

Los dirigentes de Endesa se apresuraban a decir ante los micrófonos que tenían el corazón encogido, que no es el final, que la eléctrica se queda. Que entierran el carbón para vivir del sol. Que tienen planes de empleo y futuro para la zona.

En Madrid, la ministra Ribera regalaba palabras de pésame y recordaba que a Andorra y a Teruel nunca la abandonarán. Pero llevamos tres años escuchando la retahíla de la transición justa sin que el dichoso convenio acabe de llegar. Sin que haya transición, por ahora, y esté muy lejos de ser justa.

En las Cortes, el que fuera alcalde de Alcañiz, el popular Gracia Suso, comparecía visiblemente contrariado. Hablaba de día triste para Andorra, lamentaba el circo en el que se había convertido la detonación y en un tono grandilocuente aseguraba que todo el mundo recordaría el Gobierno que cerró la central. Se olvidaba que su partido también formó parte de la agonía.

La térmica de Andorra la ha cerrado el cambio climático y por supuesto los gobiernos. Los del PSOE y los del PP. Fue el socialista Felipe González el que comenzó la privatización de Endesa y Aznar le puso la puntilla vendiendo las acciones que quedaban de la empresa eléctrica pública. Y ése fue el principio del fin.

Pero la vida da muchas vueltas y las guerras lo ponen todo del revés. En marzo, días después de la invasión de Ucrania, Alemania reactivaba las centrales de carbón para garantizar el suministro ante la amenaza rusa. Tenían el plan de enterrarlo en 2030. La misma fecha que el 40% de las eléctricas europeas. Mientras España cierra sus térmicas, Alemania, la que enarbola la bandera verde del viejo continente, la mayor productora mundial de lignito, las vuelve a abrir.

En 2018, la ministra de transición ecológica adelantaba sus planes. Se fijaba 2025 para acabar con el carbón. Pero se ha dado mucha prisa para echar el cerrojazo y poca o ninguna para sustituirlo por otras minas de empleo. Añadía que para llegar a esa transición era necesario impulsar alternativas para las comarcas afectadas. Pero tras la explosión, de momento, sólo hay trabajo para desmantelar la central. Promesas, muchas. Las llaman nudo mudéjar. Una subasta pionera por la que, las empresas que pujan, cambien los megawatios de Andorra por renovables y planes de acompañamiento. Es decir, otros negocios que generen empleo. Aseguran que suplirán con creces los que ha enterrado el carbón. Lambán se ha implicado personalmente en convencer a empresarios aragoneses para que se instalen ahí. OXAQUIM, catalana de nacimiento, alcañizana de adopción porque lleva 30 años en la capital del Bajo Aragón, con 380 puestos de trabajo es la primera industria de otras que, asegura, están por llegar. Tuvo claro desde el principio que serían los de nuestra tierra los que no abandonarían a Andorra.

A estas alturas nadie lo discute. Claro que había que cerrar la central. El medio ambiente y el planeta lo están pidiendo a gritos. Tampoco había que exterminarla. En otros lugares las torres permanecen en pie como testigos de la historia. Es patrimonio industrial y el ADN de una comarca. Aquí parece que han querido borrar de un plumazo el pasado para que sólo se hable de futuro. Pero no se puede derribar unos cimientos sin tener otros sobre los que sustentar una nueva vida. Sobre todo, viendo cómo los vecinos europeos se conceden más tiempo. Toca esperar que las promesas se cumplan, aunque queden años para que Andorra y otra columna como ésta puedan contarlo. Ese día los youtubers no irán porque el futuro de una tierra no es un espectáculo y otra mascletá llamará a su móvil.

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